Desde el siglo XII


La abadía de la Oliva asienta en la localidad de Carcastillo a orillas del río Aragón, que da nombre al valle; dentro de la Ribera Alta navarra.

Hasta esta zona del sur europeo, entre los fértiles viñedos de Burdeos y La Rioja, llegaron a mediados del siglo XII los monjes cistercienses que cruzaban la Europa medieval. A petición del rey navarro Sancho Ramírez se instalaron en La Oliva, donde levantaron un templo "santuario orante", un monasterio "jardín del espíritu" y cultivaron los campos, "garantía de estabilidad y economía; porque el trabajo ennoblece al hombre, también al monje", como rezan sus textos. No en vano estos monjes siguen la regla de San Benito: "ora et labora".

Desde el primer momento comenzaron los monjes las tareas vitivinícolas, dotado como estaba el monasterio de tierras con olivares y viñedos. Esta tradición ha quedado recogida en algunos capiteles del claustro, construido entre los siglos XIV y XV, que muestran a los monjes en faenas de vendimia. También en gran parte de las cenefas de ornamentación, conformadas por hojas y frutos de la vid. Resiste igualmente como testimonio, aunque muy restaurada, la hermosa bodega gótica donde se elaboraron en su día los caldos del monasterio.

La oración y el trabajo de la tierra, elaborando vinos y quesos como sólo los monjes saben hacer, ha mantenido a la orden del Císter en este monasterio hasta la actualidad, con el paréntesis de casi un siglo a raíz de la "Desamortización de Mendizábal".

En 1927 se reanudó la vida monástica con una nueva comunidad de monjes cistercienses venidos del monasterio de Val San José en Getafe (Madrid). Con ellos comenzó una etapa de revitalización y reconstrucción del monasterio, prácticamente destruido, con la colaboración de la Comisión de Monumentos de la Diputación de Navarra.

Con casi setenta y cinco años de nueva historia, la abadia de la Oliva, ha vuelto a convertirse en un centro de atracción artística y espiritual. Su parte monumental muestra el esplendor de su templo, prototipo del estilo cisterciense en España. Su comunidad cuenta en la actualidad con venticinco monjes que siguen ofreciendo un espacio vivo de paz y espiritualidad a la Iglesia de Navarra y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que quieran buscar en él esa dimensión profunda que sigue dando sentido a la totalidad del ser humano.